Exacerbadas y hermosas
existían desde el principio,
inspiradas en horarios
y sitios seguros.
En complicidad oscura
y ceremonial,
sus ráfagas evocaban
canciones infantiles,
obligado y cruel cautiverio.
Pero la luna llamaba
para mostrarnos otra noche:
su cáliz ancestral
y su fuego de jazmines...
A tiempo se reúnen
duda y respuesta,
quién escribió estas hojas,
quién pisa nuestro jardín
con alas de arado oxidado
y azadas vivas.
Toda revelación es un bosque,
tal vez nevado,
enmarañadas crines
con nuevas preguntas.
Javier Garbulsky - Bibiana Alonso
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