Este año se celebran los cien años del nacimiento de Susana Esther Soba, sucedido el 15 de mayo de 1922. Maravillosa escritora nacida en un barrio de la ciudad de Buenos Aires y que eligió el pueblo de Saladillo (Provincia de Buenos Aires) como su lugar de residencia e inspiración. Nunca deja de sorprendernos, de avivar el fuego de la palabra y la poesía, de ser una alabanza constante a la vida. Lo demás, está todo en su escritura. Siempre aquí, en mi corazón que late con el río de tu presencia! Gracias! Convido este poema de su libro “De Tabúes y Amuletos”.
“Ella vestía sedas
muy antiguas
e iba descalza
como las aves y los ángeles.
Sabia sonreír enigmáticamente,
como una Gioconda rural.
Incendiaba todo el aire
en los abrazos furtivos e inesperados.
Era la pura luz
en los lánguidos amaneceres,
donde los sueños mordían
su transparencia caudal.
También crecía
en el desamparo de la ausencia.
O en aquella cicatriz del corazón
que le habían dejado las pérdidas
y los olvidos.
Era la turbulencia y el asombro
a un tiempo.
Casi un milagro ignorado,
en cuya piel
se avergonzaba la primavera
y el verano se volvía
un licor incandescente
y abrasivo.
Ella no adoraba ningún dios.
Tampoco blasfemaba.
Ni comulgaba
con serpientes y vampiros.
La rosa, sí.
La rosa
la desmayaba de ternura.
Y la negación de la justicia y el amor
podían asesinarla
cada día.
No tenía hijos.
Ni gatos.
Ni chequera.
Ni pañuelo bordado por su madre.
Ni siquiera un piano
desvencijado.
Ni un diccionario de las malas palabras.
Pero cuando lucía
un vestido morado
y se sentaba
en el balcón envejecido de su casa,
o cuando cruzaba el mediodía
como si fuera
un continente,
nadie sabía
si acababa de nacer.
Si regresaba
de vastos imperios desconocidos
o si la seducción de la poesía
le coronaba las sienes
y la volvía impensable
solitaria y mutante
como un viento de pálida locura.
Como un modo perdido entre la gente.”
