Sacúdeme
con tu sutil
mordedura de escarabajo,
gozoso dolor
de amurar
los pezones,
de fundirse
en un vaivén
de ríos intermitentes.
Ensánchate,
abre los
labios sin preguntar nada,
mientras voy
a la deriva
abriendo y cerrando
mis piernas
como una
mariposa
desesperada.
Ruego que tu
lengua
me nombre
un segundo
antes de que el manantial
brote.
Sibilante, temblorosa,
abrázame por
dentro,
vuelve nada la
mirada,
ignora el clamor
aún
inacabado.
Dilatado el
rostro
regresa el
viento,
la sangre en
tímidas moras
que arrancan
el hastío;
y la piel
sucumbe al olvido.
Y la luna dibuja
un solo rostro.
Bibiana Alonso - Javier Garbulsky
