I
AMARNOS,
fue simplemente recordarse.
Volver a ver
una lenta sonrisa esperanzada.
Y palpar una piel. Dócil y antigua.
Y decir apenas:
Tu!
Y estar diciéndolo todo en el silencio.
II
Por que los nombres.
Y las fechas.
Y lo incontables caminos del mundo,
separándonos?
Por que la angustia.
Los hombres. Las palabras.
El prolijo inventario de las cosas.
Si el amor nos conjuga
desde lejos, y, nuevos y desnudos,
nos acerca
su inacabable juventud primera?
III
Déjame reposar en mi silencio.
Con que tú hables
basta.
Y si me das la mano,
mientras hablas
de tantas cosas innumerables,
fugitivas y dulces,
mi silencio se decora
de estrellas
como una noche de enero.
Entonces con que tú hables,
basta.
IV
Ahora, estoy llorando.
Y tú estás lejos. . .
Pero yo se,
que tú a lo lejos,
sabes que estoy llorando.
V
Yo no nací un día de otoño.
Con un llanto antiguo
mojándome los párpados,
y una mano de seda
acercándome al mundo.
Yo nací el día en que tú dijiste:
He llegado.
VI
Mi nombre no es éste
que repiten las voces
cotidianas.
Mi nombre
son las palabras pequeñitas
que tú me dices.
Las que no necesitan casi
el aire para volar.
Porque aunque no lo digas
me navegan la sangre.
VII
A veces,
no me duele la ausencia.
Porque te recupero
en la forma inicial y descarnada.
Sin tacto. Sin memoria.
Sin posesivos ni pronombres.
Único y solo.
Mío.
Ya para siempre mío.
Susana Esther Soba.

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