martes, 25 de mayo de 2021

Para cazar insectos y aderezarlos...

                                

  Para cazar insectos y aderezarlos, mi abuela era especial.

Les mantenía la vida por mayor deleite y mayor asombro de los clientes y convidados.

A la noche, íbamos a las mesitas del jardín con platitos y saleros.

En torno, estaban los rosales, las rosas únicas, inmóviles y nevadas.

Se oía el run run de los  insectos, debidamente atados y mareados.

Los clientes llegaban como escondiéndose.

Algunos pedían luciérnagas, que era lo más caro. Aquellas luces.

Otros, mariposas gruesas, color crema, con una hoja de menta y un minúsculo caracolillo.

Y recuerdo cuando servimos a aquella gran mariposa negra, que parecía de terciopelo, que parecía una mujer.


Marosa Di Giorgio







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