“Por las orillas del lago de Maracaibo pasó el petróleo y se llevó los colores. En este basurero, de sórdidas calles, aire sucio, aguas aceitosas, vive y pinta Rafael Vargas.
No crece la hierba en Cabimas, ciudad muerta,
tierra vaciada, ni quedan peces en sus aguas, ni pájaros en su aire, ni gallos
que alegren sus madrugadas, pero en los cuadros de Vargas el mundo está de
fiesta, respira la tierra a pleno pulmón, estallan de frutas y flores los
verdísimos árboles y prodigiosos peces y
pájaros y gallos se codean de igual a igual con la gente.
Vargas casi no sabe leer ni escribir. Bien sabe
sí, ganarse la vida, como carpintero, y como pintor ganarse la limpia luz de
sus días: venganza y profecía de quien no pinta la realidad que conoce sino la
realidad que necesita”.
Eduardo Galeano.

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