El agua
lacera la tierra,
orada su
virginidad
con tesón de
niño insaciable;
entre
piedras y silenciosos escombros
navega impiadosa
el humus sediento.
Serpentea,
se abre paso
a mordiscones
ignorando
tiempo e historia,
abraza el
origen
en un ritual
prematuro
de milagroso
azar.
Su oxidado laberinto,
ciego a misterios
ancestrales,
coronará el
primer grito,
iracunda súplica
sin refugio;
se volverá llamada,
espejo de
frutos nuevos
y fresca sensualidad,
turbulento
juego,
simiente infinita
de inasible memoria.
Música: Solitude (R. Sakamoto)
No hay comentarios:
Publicar un comentario