Sin ella
el mundo es un pozo
de piedras lisas,
un santuario
frío y lúgubre,
pero cuando es vigía,
la corteza del pino
se abre al haz de luz
que vuelve lumbre su sombra;
su faro hamaca la burbuja
de los que ensayan amarse,
confunde y marea de belleza
a los que navegan en la arena,
abre camino a los campesinos
que regresan,
exhaustos, a sus casas,
alienta a los tímidos lobos
y a la maléfica luz,
fuente inagotable de palabras
inasibles y proféticas,
demacrada de tanto ser musa
pero
¿Qué busca su boca?
¿Acaso besar las ramas durante la noche?
¿Aferrarse al bosque,
ser fruto?
¿Alimentarse de savia hasta caer
en tierra y brotar como
la hierba?
¿Dejar raíces?
¿Cómo es su voz?
¿Alguien le ha preguntado
qué desea?
¿Por qué migra de lugar
y de forma?
¿Se avergüenza a veces
cuando los secretos
no caben en su sangre?
¿Qué luz la ilumina para
seguir intacta,
ser cada vez alabanza
y silencio,
continuar su viaje
triste y sola
alumbrando
sus lados grises?
Acércate a ella.
Pregúntale cuál es su congoja.
Escucha
como los árboles lo hacen,
perfumando sus fases
e interrupciones,
acepta su melancolía
como los poetas,
sin prejuicios…
Escribe.
Bibiana Alonso.

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